Estoy construyendo un puente demasiado largo,
un puente inmenso que cruzará tus ojos,
que te arrancará de la comodidad,
que despedazará tu letargo.
Que hará que tu sonrisa explote,
y que todo lo hermoso que tiene caiga brillando a mis pies.
Voy de viaje a tu mirada,
me enamoro, tiemblo,
y vuelvo a fugarme.
Dios sabe cuánto falta para derribar las murallas de Jericó.
Quién tocará la trompa.
Dónde guardarás tus venas,
cuando la sangre inunde el vado.
Viaja. Es tu beso.
Uno anda como un reo,
comprometiéndose con lo invisible,
enamorándose de lo desconocido.
Venciendo el miedo.
Abandonando la carretera.
martes, 16 de agosto de 2011
miércoles, 10 de agosto de 2011
Árboles
De la copa de los árboles, de la forma de las ramas,
de las hojas que no están.
Son las puertas de la mañana, hoy ponés la mano en el hombre,
todo el pelo de mi cuerpo se eriza ligeramente,
giro sobre el hombro, la barbilla me acaricia el brazo,
busco a la mañana, un nuevo motivando.
Estás vos, cruzado de piernas en el silencio propio,
de la cocina avinagrada, en la invasión de lo tuyo,
en los lugares que no resultan virtuales, ahí se mofa el enemigo.
Ahí se duele.
Y claro, el que es maravilloso, me da un susurro y dispone,
su propiedad y su guiño.
Guillermo, solamente un momento escuchá cuando te dicen que no.
Escuchá de nuevo el no primero, el no burlado, el no distraído.
Escuchá el valor de la consigna dulce.
Escuchá el gracioso no que perverso se incluyó negando el origen del recado.
Y entonces, en cada situación.
Esta facilidad de acomodar palabras.
Este mecano de sustantivos.
Una copa de un árbol crece creyendo que va a llegar,
y nunca llega;
Vence lluvia, vence invierno, vence al mundo y a su gravedad,
vence el desarraigo de los frutos, vence el maltrato de la humanidad,
crece haciéndonos una sombra suave, frutal y aromática,
descansándonos en el Tilo, sorprendiéndonos en el violeta gigante del Jacarandá.
Un Sauce, lluvioso llanto que se pone a macanear con que estoy triste,
me asume esta mañana el nido y aún, grita que es una plaga, brincan los Eucaliptos.
Aplauden los Aromos, cantan el invierno los Frutales; Limoneros y Naranjos;
La colorimetría del inmenso Creador, cada pizca de azul, cada amarillo, todos los verdes,
se desesperan por olvidarlo los poetas, lo cantan los enamorados,
y algunos, solamente los observan, hayan la paz y siguen,
encontrando y encontrando.
Todo desde la misma tierra marrón negruzca que no vale nada.
Todo desde la tierra que sacaba mi mamá con la escoba.
Mi mamá quitará la tierra de arriba de la tele.
Que pena. Quizás arriba de la tele hubiera crecido un Nogal.
Increíble.
No buscarlo adentro.
Sino arriba.
Pero buscarlo.
Ser un poco un árbol quiero, ser un poco tierra y barro que no vale nada.
Admitir que nada que se aprecie crece sólo.
Sino a través del conjunto de perfecciones individuales.
Y entonces.
Habrá poesía que lo describa y música del cielo para que lo cante.
Buenos Días, amigos,
Buenas Tardes.
de las hojas que no están.
Son las puertas de la mañana, hoy ponés la mano en el hombre,
todo el pelo de mi cuerpo se eriza ligeramente,
giro sobre el hombro, la barbilla me acaricia el brazo,
busco a la mañana, un nuevo motivando.
Estás vos, cruzado de piernas en el silencio propio,
de la cocina avinagrada, en la invasión de lo tuyo,
en los lugares que no resultan virtuales, ahí se mofa el enemigo.
Ahí se duele.
Y claro, el que es maravilloso, me da un susurro y dispone,
su propiedad y su guiño.
Guillermo, solamente un momento escuchá cuando te dicen que no.
Escuchá de nuevo el no primero, el no burlado, el no distraído.
Escuchá el valor de la consigna dulce.
Escuchá el gracioso no que perverso se incluyó negando el origen del recado.
Y entonces, en cada situación.
Esta facilidad de acomodar palabras.
Este mecano de sustantivos.
Una copa de un árbol crece creyendo que va a llegar,
y nunca llega;
Vence lluvia, vence invierno, vence al mundo y a su gravedad,
vence el desarraigo de los frutos, vence el maltrato de la humanidad,
crece haciéndonos una sombra suave, frutal y aromática,
descansándonos en el Tilo, sorprendiéndonos en el violeta gigante del Jacarandá.
Un Sauce, lluvioso llanto que se pone a macanear con que estoy triste,
me asume esta mañana el nido y aún, grita que es una plaga, brincan los Eucaliptos.
Aplauden los Aromos, cantan el invierno los Frutales; Limoneros y Naranjos;
La colorimetría del inmenso Creador, cada pizca de azul, cada amarillo, todos los verdes,
se desesperan por olvidarlo los poetas, lo cantan los enamorados,
y algunos, solamente los observan, hayan la paz y siguen,
encontrando y encontrando.
Todo desde la misma tierra marrón negruzca que no vale nada.
Todo desde la tierra que sacaba mi mamá con la escoba.
Mi mamá quitará la tierra de arriba de la tele.
Que pena. Quizás arriba de la tele hubiera crecido un Nogal.
Increíble.
No buscarlo adentro.
Sino arriba.
Pero buscarlo.
Ser un poco un árbol quiero, ser un poco tierra y barro que no vale nada.
Admitir que nada que se aprecie crece sólo.
Sino a través del conjunto de perfecciones individuales.
Y entonces.
Habrá poesía que lo describa y música del cielo para que lo cante.
Buenos Días, amigos,
Buenas Tardes.
martes, 9 de agosto de 2011
Simple. El que se lleva el daño.
Me sujeto a lo simple.
Lo simple me transforma.
Me volveré complejo.
Era joven al principio.
Hoy soy nuevo.
No soy viejo.
Ahora es nuevo el corazón.
Tiene canciones.
Estás invitado a sorprenderte.
Te imparto alegría.
Y me voy a la cama.
Dale un beso a Jesús cuando lo veas.
Decile que estoy buscándolo.
Si lo veo primero, te lo mando.
Buenas noches.
Mientras tanto.
Lo simple me transforma.
Me volveré complejo.
Era joven al principio.
Hoy soy nuevo.
No soy viejo.
Ahora es nuevo el corazón.
Tiene canciones.
Estás invitado a sorprenderte.
Te imparto alegría.
Y me voy a la cama.
Dale un beso a Jesús cuando lo veas.
Decile que estoy buscándolo.
Si lo veo primero, te lo mando.
Buenas noches.
Mientras tanto.
No me gusta el amor.
Venís y te vas vos solo. No te llevas a nadie.
Tus pasos son pasos que no marcan un camino,
cada palabra lanzada se esfuma como el vapor en el aire,
pareciera que dura segundos, en una extraña neuralgia,
inclinados,
viviendo una vida que pasa,
queriendo estar siempre acompañado.
Ser una tormenta en el medio del mar.
Abrir un hueco borrascoso. No sonreír.
Simplemente.
No soñar.
Discutir para tener razón,
o discutir para discutir nomás.
Y que cada ausencia me hable de lo mucho que me resta,
cada vez que se te escape de las manos,
cada vez que se te orinen en los hombros.
Sos un ser humano.
Un animal.
Que piensa, es cierto.
Que puede pensar.
Al pensar abrís caminos,
y el camino, humanidad.
Y la idea es en las manos.
Y la mano, identidad.
Y ganas no tenés de dibujarla.
Estás pasando un nubarrón, desde ahí adentro,
como fibra de vidrio oscura, la claridad no se ve.
Todo es oscuro, y abre en vos heridas, que de una forma u otra,
lastimarán a lo que te rodea.
Sentís el dolor que siente el rencor que te produce,
la saliva de la palabra maledicencia,
el odio, el fragor de la piña al aire.
De la cabeza contra la pared,
de la ausencia en tu vida.
De buscar y no ver.
Y no ver.
Y acostumbrarte.
Producción de ácero que fabrica muerte.
Y vuelan las paredes de mi entorno en notas altas musicales,
se sueltan los lastres, el globo sucumbe, la idea se eleva,
y viene a rescatarme de momento unos ladridos.
Yo te grito. Te asomo la mano sin orgullo, la mano del futuro.
Y vos te agarrás fuerte.
Furioso abrazo que se estrecha a pecho abierto.
En sensación lejana de amor que no conozco.
De amor que no se dice.
De amor que no se encuentra.
De amor que no se vive.
De amor que viene solo.
De amor que se va hablando.
De amor que no se tienen.
De amor que no estás loco.
De amor.
De amor. Decilo.
De amor.
De amor.
Y dicho así.
Una mentira pone a prueba la verdad,
de la palabra cabalgando hasta tus ojos.
Está soleada la mañana, el mate no se lavó.
De amor. No escribo. Porque no me gusta.
No me gusta el amor. Es así.
Tus pasos son pasos que no marcan un camino,
cada palabra lanzada se esfuma como el vapor en el aire,
pareciera que dura segundos, en una extraña neuralgia,
inclinados,
viviendo una vida que pasa,
queriendo estar siempre acompañado.
Ser una tormenta en el medio del mar.
Abrir un hueco borrascoso. No sonreír.
Simplemente.
No soñar.
Discutir para tener razón,
o discutir para discutir nomás.
Y que cada ausencia me hable de lo mucho que me resta,
cada vez que se te escape de las manos,
cada vez que se te orinen en los hombros.
Sos un ser humano.
Un animal.
Que piensa, es cierto.
Que puede pensar.
Al pensar abrís caminos,
y el camino, humanidad.
Y la idea es en las manos.
Y la mano, identidad.
Y ganas no tenés de dibujarla.
Estás pasando un nubarrón, desde ahí adentro,
como fibra de vidrio oscura, la claridad no se ve.
Todo es oscuro, y abre en vos heridas, que de una forma u otra,
lastimarán a lo que te rodea.
Sentís el dolor que siente el rencor que te produce,
la saliva de la palabra maledicencia,
el odio, el fragor de la piña al aire.
De la cabeza contra la pared,
de la ausencia en tu vida.
De buscar y no ver.
Y no ver.
Y acostumbrarte.
Producción de ácero que fabrica muerte.
Y vuelan las paredes de mi entorno en notas altas musicales,
se sueltan los lastres, el globo sucumbe, la idea se eleva,
y viene a rescatarme de momento unos ladridos.
Yo te grito. Te asomo la mano sin orgullo, la mano del futuro.
Y vos te agarrás fuerte.
Furioso abrazo que se estrecha a pecho abierto.
En sensación lejana de amor que no conozco.
De amor que no se dice.
De amor que no se encuentra.
De amor que no se vive.
De amor que viene solo.
De amor que se va hablando.
De amor que no se tienen.
De amor que no estás loco.
De amor.
De amor. Decilo.
De amor.
De amor.
Y dicho así.
Una mentira pone a prueba la verdad,
de la palabra cabalgando hasta tus ojos.
Está soleada la mañana, el mate no se lavó.
De amor. No escribo. Porque no me gusta.
No me gusta el amor. Es así.
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