miércoles, 23 de mayo de 2012

Robinsoe Crusoe (Fragmento textual)

Mi compañero, que antes me había ayudado a fortale­cer mi decisión y que era hijo del capitán, estaba menos de­cidido que yo. La primera vez que me habló, que no fue has ta pasados tres o cuatro días de nuestro desembarco en Yarmouth, puesto que en el pueblo nos separaron en distin­tos alojamientos; como decía, la primera vez que me vio, me pareció notar un cambio en su tono. Con un aspecto melancólico y un movimiento de cabeza me preguntó cómo estaba, le dijo a su padre quién era yo y le explicó que había hecho este viaje a modo de prueba para luego embarcarme en un viaje más largo. Su padre se volvió hacia mí con un gesto de preocupación:

-Muchacho -me dijo-, no debes volver a embarcar­te nunca más. Debes tomar esto como una señal clara e irrefutable de que no podrás ser marinero.

-Pero señor -le dije-, ¿acaso no pensáis volver al mar?

-Mi caso es diferente -dijo él-, esta es mi vocación y, por lo tanto, mi deber. Mas, si tú has hecho este viaje como prueba, habrás visto que el cielo te ha dado muestras suficientes de lo que te espera si insistes. Tal vez esto nos haya pasado por tu culpa, como pasó con Jonás en el barco que lo llevaba a Tarsis. Pero dime, por favor, ¿quién eres y por qué te has embarcado?

(Se refiere al libro de Jonás 1, 1-16. En este episodio, Dios le ordenó a Jonás que fuera a Nínive para anunciar su destrucción. Desobedeciendo el mandato de Dios, Jonás se embarcó para Tarsis y se levantó una terrible tempestad que solo cesó cuando arrojó a Jonás al agua.)

Entonces, le relaté parte de mi historia, al final de la cual, estalló en un extraño ataque de cólera y dijo:

-¿Qué habré hecho yo para que semejante infeliz se montara en mi barco? No pondría un pie en el mismo barco que tú otra vez ni por mil libras esterlinas.

Esto fue, como pensaba, una explosión de sus emocio­nes, aún alteradas por la sensación de pérdida, que había re­basado los límites de su autoridad hacia mí. Sin embargo, lue go habló serenamente conmigo, me exhortó a que regresara junto a mi padre y no volviera a desafiar a la Providencia, ya que podía ver claramente que la mano del cielo había caído sobre mí.

-Y, muchacho dijo-, ten en cuenta lo que te estoy diciendo. Si no regresas, a donde quiera que vayas solo en­contrarás desastres y decepciones hasta que se hayan cum­plido cabalmente las palabras de tu padre.

Poco después nos separamos sin que yo pudiese con­testarle gran cosa y no volví a verlo; hacia dónde fue, no lo sé. Por mi parte, con un poco de dinero en el bolsillo, viajé a Londres por tierra y allí, lo mismo que en el transcurso del viaje, me debatí sobre el rumbo que debía tomar mi vida: si debía regresar a casa o al mar.

Respecto a volver a casa, la vergüenza me hacía recha­zar mis buenos impulsos e inmediatamente pensé que mis vecinos se reirían de mí y que me daría vergüenza presen tarme, no solo ante mis padres, sino ante el resto del mun­do. En este sentido, y desde entonces, he observado lo in­congruentes e irracionales que son los seres humanos, es­pecialmente los jóvenes, frente a la razón que debe guiarlos en estos casos; es decir, que no se avergüenzan de pecar sino de arrepentirse de su pecado; que no se avergüenzan de hacer cosas por las que, legítimamente, serían tomados por tontos, sino de retractarse, por lo que serían tomados por sabios.

Juego

Juego.
Como los nenes que no hacen caso.
Juego con todo,
con las ideas,
con el trabajo,

con las opciones,

con las letras,
las palabras.
Hábilmente encajadas.

Dejé de jugar con las personas.
Sólo porque les duele.
Después se curan.
Me pasa. Te pasa.

Juego.
Porque la necesidad está,
están las ganas,
la inquietud.

Viene tu pie a mi memoria,
se instala una imagen,
una canción.
Sigo con ganas de creer y no pensar.

Alguna distancia.

El derecho procesal,
el otro izquierdo procesado,
el pensamiento,
la pangea que vive mi cuerpo
cuando te imagino,
en la lluvia,

iluminándote,
sola, sin sol disponible,

en el río,
en el mar,
en el patio,
y sonrío.

Te borro la cara indecible,
mientras te contesto,
no te escribo,

y pienso, pienso, pienso,
pienso en la noche más fría,
te descifro.

Te analizo,
te combato.
Te aniquilo.

Te rompo en mi alma de nubes,
te asesino.

Te doy un Benedetti de sombras,
me das un hablemos bajito.
Te doy.

Te daría.
Jugaría contigo otro partido.
Prendería la play de la vida.
Compartiría mi joystick sin hilos,
mi tiempo sin horas.
Mi voz.
Lo que escribo.

Y juego.
Como si existiese motivo.
Juego.

Juego.
Como los nenes que no hacen caso.
Juego con todo,
con las ideas,
con el trabajo.


lunes, 21 de mayo de 2012

Olas que son triángulos en cuadrados.

La ola no dura nada,
se forma,
se viene,
se arquea,
se modula,
ondula,
se desgrana,
y se va.
Así son tus ojos.
Rápido rayo láser.


La ola no afecta a la piedra,
la besa,
la cubre,
la acaricia,
la agita,
la desgasta,
suponiendo,
superponiéndose.
Así son tus manos,
un electrocardiograma.


La ola abraza la costa,
la desea,
la admira,
la posee,
la conoce,
le hizo daño alguna vez.
Como vos a mí.
Como mi idea a mí.


La noche se desarma sobre la costa de mi ciudad.
Es enorme,
está llena de curvas,
como un pintura al aire libre,
como la negación,
o el silencio.
Que se dobla de rodillas exclamando.


Está llena de honra.
Como una ola.
Que dura poco.
Y me cambia la vida.


Y me bendice,
me recrea,
me inspira,
me sonroja.
Me seduce.
De nuevo.
Como una ola.


Una ola,
como una película en el cine,
como un abrazo de noche,
como esperar el momento indicado,
la palabra justa,
el momento preciso.
Como vivir en el tiempo exacto.
En el que fui creado.
Cómo hoy.
Tal vez como mañana,
en dónde el día.
Nuestra día.
Volverá a ser fantástico.


Mañana Pablo se cubrirá de acrílico, se ensuciará las manos,
Juan en tanto, hará una línea profunda entre la Biblias y lo comprendido,
Graciela tendrá su espacio de enseñanza y oración,
Germán podrá acariciar una planta dándome este extraño significado,
Micael será como una ola que viene o va embelleciendo la tierra,
Joaquín me va a amar y yo a él.




Y su risa, su tos, o su falta de conocimiento serán mi milagro escondido.


Todos seremos mejores mañana.
Cada padre amará a su hijo.
Mañana seremos olas.
Lugares comunes que no encajan.


Triángulos en cuadrados.
Círculos sobre trapecios.
Elementos.
Elementales.


Olas, que se dispersaron invadiendo el viento,
sonrisas, de amigo, en el mismo espíritu.
Porque eso es lo importante.
Imitadores.
Verdaderos.





domingo, 20 de mayo de 2012

Página 95 - Espejos Fabulosos.

Debe ser que he hecho algo, o dicho algo que se hizo, 
no sé cómo, un hecho.
Puede ser el hecho de haber estado dispuesto a aceptar,
renunciar a mi rebeldía, tonto, pero voluntariamente.


Mis ideas, en su capacidad más redentora, se hacen realidad.
La gente me disfruta, voluntariamente. Los amigos, 
verdaderos amigos,
me salvan una y otra vez de las equivocaciones del tiempo.
No soy una ballena en una montaña. No soy un propósito a incumplirse.


Estoy en el cayo septentrional luminoso de una isla paradisíaca,
está llena de exóticos regalos, adecuadamente disponibles,
así habremos de encontrarnos con Daniel Steel, con Sigmund Freud,
con Conan Doyle, con Lenin, Stalin o Trostky. Con sus mentes históricas.
Disposición que quiso ver el acomodarse de las letras.
Aún, dispuesto a dejar que la comida se enfríe. Lentamente.
Vagamente.


Pero es mi Padre. Que se ha encaprichado conmigo. Que no me deja en paz.
Es mi padre el que me desea salvaje y humilde.
Es el que me habla porque se me revientan los ojos de llanto.
Y lloro como ninguno, porque no entiendo todavía porqué me eligió.
Sé que fue por Gracia. Pero por qué. Qué me hace diferente a los demás.
¿Por qué prefiero la renuncia? ¿Qué amor hay esta cruz?


Para que un instante de su Gloria me vea cumplido en un sueño.
Haber dicho una verdad.
De parte de él.


Con la rebeldía de mi boca durante muchos años solté a la parca,
hice que la muerte venga a la tierra, abriendo portones, supe destruír mis sueños.


Hoy viví, el día de hoy.
Y por eso sé la diferencia. Hoy tuve una nueva experiencia.
No una simple.
Hoy hubo multitud de primeras personas.


Hoy se soltó la amarra que anudaba mi espalda con mis piernas.
Hoy la mula se ha vuelto real.
La historia me dice, estás listo.
Hoy sigue crecer, mañana volvés a empezar.


Y la gente ingresa a las lineas, mientras mi ojo llora desinteresado.
El aplauso de la presencia en concreto,
y no el aplauso festejo de lo que se pudo haber escuchado.


No era un hombre hoy.
Y si lo era.
Fue tan precioso lo expuesto,
que de repuesto, he dicho,
sujeta mi alma,
libera mi mente,
exige bendecir mi lapicera.


Y Joaquín selló lo que Guillermo hizo.
Miró con sus manos de uñas sucias,
que repugnan,
no sólo el líquido que armó un regalo.
Sino el amor que dispuso,
el corazón que lo encontró llorando,
en los abrazos.


No entienden que no puede interrumpirme.
Estoy escribiendo. Mamá.
No puedo responderte ahora, puedo confundirte.


Adios.
Ya no soy más sólo yo.
Este todo lo que tengo.
Adios. 


Pedí. Te van a dar.