Retrocede la tristeza delante de la alegría,
el odio huye delante del amor,
la guerra cesa si te muestro de la paz,
las balas, todas ellas,
se frenan si la poesía no te erra,
todo camino se endereza en Sus manos.
Te puedo dar mi vida, envueltos de una canción,
mandarte mi corazón sometido a tus designios,
tomar sonrisas de niños, hacer arte callejero,
justificar a mil malos, por un sentimiento bueno.
Retrocede la tristeza delante de la alegría,
el odio huye delante del amor,
la guerra cesa si te muestro de la paz,
las balas, todas ellas,
se frenan si la poesía no te erra,
todo camino se endereza en Sus manos.
Tu eres mi fortaleza.
Mi escudo.
Mi pan.
Y todo.
Todo. Avanza maravilloso.
viernes, 25 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
Seriedad.
Hoy no tengo ganas de reírme.
Hoy me miré hacía adentro.
Me sentí como estúpido.
Mirar dentro no es lo mismo que hacia atrás.
Ustedes comprenderán.
Saben hacia dónde miro cuando miro,
o de qué escribo cuando escribo.
Jesús no es un rebelde, es un soñador,
Jesús es un soñador sabio, es distinto,
los rebeldes mataron los sueños,
Jesús es la esperanza de los sueños que cumplimos.
(Aunque prefiero los tuyos que los míos.)
Saben en qué gradiente se me cuecen los ladrillos,
como se anudan cintura tras cintura,
las enredaderas que dibujan tus dedos de amor.
Que no pueden ser míos porque anidaron,
en otros vericuetos de momento. Por ahora.
Y para siempre.
Hoy no tengo que serte cordial,
ni entender que mi compasión admire tu sacrificio.
Hoy entendí que lo que yo elegí es desgastar.
Desgastarme hasta no poder ni sonreír,
y callarme atendiendo todo lo que me rodea,
pero no a mí, quedar a lo último.
Negando a mi hijo, a mi madre.
Valiéndole de mi amor a los desconocidos,
ignorando a los primeros, sirviendo a los últimos.
Jesús no es un rebelde, es un soñador,
Jesús es un soñador sabio, es distinto,
los rebeldes mataron los sueños,
Jesús es los sueños cumplidos.
Hoy no tengo ganas de reírme.
Hoy me miré hacía adentro.
Cuando pasó mi única Victoria,
así se levantó Jesucristo.
Y volcar mis emociones en un bol de plástico,
afrancesando mescolanzas,
que nadie querrá comer porque estoy solo.
Por el olor que emiten, por como saben.
Quizás porque es necesario permanecer solo. (?)
Pero si saben.
Si conocen.
Si entienden la voluntad.
Serán sabiduría de mañana.
Esta muerte de hoy. Agradeciendo tu aparición.
Será mi vida fantástica o brutal de la semana,
Eterna sophia de mi corazón errático.
Federico García. Lorca. Ahorca.
Horcas.
Niebla,
bruma.
Tempestad de un hombre,
que con calma,
sube a la cubierta a discutirle al cielo.
Tranquilizando mi interior.
Porque a mí adentro.
Hoy no tengo ganas de reírme.
Hoy me miré hacía adentro.
Me sentí como estúpido.
Hoy me miré hacía adentro.
Me sentí como estúpido.
Mirar dentro no es lo mismo que hacia atrás.
Ustedes comprenderán.
Saben hacia dónde miro cuando miro,
o de qué escribo cuando escribo.
Jesús no es un rebelde, es un soñador,
Jesús es un soñador sabio, es distinto,
los rebeldes mataron los sueños,
Jesús es la esperanza de los sueños que cumplimos.
(Aunque prefiero los tuyos que los míos.)
Saben en qué gradiente se me cuecen los ladrillos,
como se anudan cintura tras cintura,
las enredaderas que dibujan tus dedos de amor.
Que no pueden ser míos porque anidaron,
en otros vericuetos de momento. Por ahora.
Y para siempre.
Hoy no tengo que serte cordial,
ni entender que mi compasión admire tu sacrificio.
Hoy entendí que lo que yo elegí es desgastar.
Desgastarme hasta no poder ni sonreír,
y callarme atendiendo todo lo que me rodea,
pero no a mí, quedar a lo último.
Negando a mi hijo, a mi madre.
Valiéndole de mi amor a los desconocidos,
ignorando a los primeros, sirviendo a los últimos.
Jesús no es un rebelde, es un soñador,
Jesús es un soñador sabio, es distinto,
los rebeldes mataron los sueños,
Jesús es los sueños cumplidos.
Hoy no tengo ganas de reírme.
Hoy me miré hacía adentro.
Cuando pasó mi única Victoria,
así se levantó Jesucristo.
Y volcar mis emociones en un bol de plástico,
afrancesando mescolanzas,
que nadie querrá comer porque estoy solo.
Por el olor que emiten, por como saben.
Quizás porque es necesario permanecer solo. (?)
Pero si saben.
Si conocen.
Si entienden la voluntad.
Serán sabiduría de mañana.
Esta muerte de hoy. Agradeciendo tu aparición.
Será mi vida fantástica o brutal de la semana,
Eterna sophia de mi corazón errático.
Federico García. Lorca. Ahorca.
Horcas.
Niebla,
bruma.
Tempestad de un hombre,
que con calma,
sube a la cubierta a discutirle al cielo.
Tranquilizando mi interior.
Porque a mí adentro.
Hoy no tengo ganas de reírme.
Hoy me miré hacía adentro.
Me sentí como estúpido.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Robinsoe Crusoe (Fragmento textual)
Mi compañero, que antes me había ayudado a fortalecer mi decisión y que era hijo del capitán, estaba menos decidido que yo. La primera vez que me habló, que no fue has ta pasados tres o cuatro días de nuestro desembarco en Yarmouth, puesto que en el pueblo nos separaron en distintos alojamientos; como decía, la primera vez que me vio, me pareció notar un cambio en su tono. Con un aspecto melancólico y un movimiento de cabeza me preguntó cómo estaba, le dijo a su padre quién era yo y le explicó que había hecho este viaje a modo de prueba para luego embarcarme en un viaje más largo. Su padre se volvió hacia mí con un gesto de preocupación:
-Muchacho -me dijo-, no debes volver a embarcarte nunca más. Debes tomar esto como una señal clara e irrefutable de que no podrás ser marinero.
-Pero señor -le dije-, ¿acaso no pensáis volver al mar?
-Mi caso es diferente -dijo él-, esta es mi vocación y, por lo tanto, mi deber. Mas, si tú has hecho este viaje como prueba, habrás visto que el cielo te ha dado muestras suficientes de lo que te espera si insistes. Tal vez esto nos haya pasado por tu culpa, como pasó con Jonás en el barco que lo llevaba a Tarsis. Pero dime, por favor, ¿quién eres y por qué te has embarcado?
(Se refiere al libro de Jonás 1, 1-16. En este episodio, Dios le ordenó a Jonás que fuera a Nínive para anunciar su destrucción. Desobedeciendo el mandato de Dios, Jonás se embarcó para Tarsis y se levantó una terrible tempestad que solo cesó cuando arrojó a Jonás al agua.)
Entonces, le relaté parte de mi historia, al final de la cual, estalló en un extraño ataque de cólera y dijo:
-¿Qué habré hecho yo para que semejante infeliz se montara en mi barco? No pondría un pie en el mismo barco que tú otra vez ni por mil libras esterlinas.
Esto fue, como pensaba, una explosión de sus emociones, aún alteradas por la sensación de pérdida, que había rebasado los límites de su autoridad hacia mí. Sin embargo, lue go habló serenamente conmigo, me exhortó a que regresara junto a mi padre y no volviera a desafiar a la Providencia, ya que podía ver claramente que la mano del cielo había caído sobre mí.
-Y, muchacho dijo-, ten en cuenta lo que te estoy diciendo. Si no regresas, a donde quiera que vayas solo encontrarás desastres y decepciones hasta que se hayan cumplido cabalmente las palabras de tu padre.
Poco después nos separamos sin que yo pudiese contestarle gran cosa y no volví a verlo; hacia dónde fue, no lo sé. Por mi parte, con un poco de dinero en el bolsillo, viajé a Londres por tierra y allí, lo mismo que en el transcurso del viaje, me debatí sobre el rumbo que debía tomar mi vida: si debía regresar a casa o al mar.
Respecto a volver a casa, la vergüenza me hacía rechazar mis buenos impulsos e inmediatamente pensé que mis vecinos se reirían de mí y que me daría vergüenza presen tarme, no solo ante mis padres, sino ante el resto del mundo. En este sentido, y desde entonces, he observado lo incongruentes e irracionales que son los seres humanos, especialmente los jóvenes, frente a la razón que debe guiarlos en estos casos; es decir, que no se avergüenzan de pecar sino de arrepentirse de su pecado; que no se avergüenzan de hacer cosas por las que, legítimamente, serían tomados por tontos, sino de retractarse, por lo que serían tomados por sabios.
-Muchacho -me dijo-, no debes volver a embarcarte nunca más. Debes tomar esto como una señal clara e irrefutable de que no podrás ser marinero.
-Pero señor -le dije-, ¿acaso no pensáis volver al mar?
-Mi caso es diferente -dijo él-, esta es mi vocación y, por lo tanto, mi deber. Mas, si tú has hecho este viaje como prueba, habrás visto que el cielo te ha dado muestras suficientes de lo que te espera si insistes. Tal vez esto nos haya pasado por tu culpa, como pasó con Jonás en el barco que lo llevaba a Tarsis. Pero dime, por favor, ¿quién eres y por qué te has embarcado?
(Se refiere al libro de Jonás 1, 1-16. En este episodio, Dios le ordenó a Jonás que fuera a Nínive para anunciar su destrucción. Desobedeciendo el mandato de Dios, Jonás se embarcó para Tarsis y se levantó una terrible tempestad que solo cesó cuando arrojó a Jonás al agua.)
Entonces, le relaté parte de mi historia, al final de la cual, estalló en un extraño ataque de cólera y dijo:
-¿Qué habré hecho yo para que semejante infeliz se montara en mi barco? No pondría un pie en el mismo barco que tú otra vez ni por mil libras esterlinas.
Esto fue, como pensaba, una explosión de sus emociones, aún alteradas por la sensación de pérdida, que había rebasado los límites de su autoridad hacia mí. Sin embargo, lue go habló serenamente conmigo, me exhortó a que regresara junto a mi padre y no volviera a desafiar a la Providencia, ya que podía ver claramente que la mano del cielo había caído sobre mí.
-Y, muchacho dijo-, ten en cuenta lo que te estoy diciendo. Si no regresas, a donde quiera que vayas solo encontrarás desastres y decepciones hasta que se hayan cumplido cabalmente las palabras de tu padre.
Poco después nos separamos sin que yo pudiese contestarle gran cosa y no volví a verlo; hacia dónde fue, no lo sé. Por mi parte, con un poco de dinero en el bolsillo, viajé a Londres por tierra y allí, lo mismo que en el transcurso del viaje, me debatí sobre el rumbo que debía tomar mi vida: si debía regresar a casa o al mar.
Respecto a volver a casa, la vergüenza me hacía rechazar mis buenos impulsos e inmediatamente pensé que mis vecinos se reirían de mí y que me daría vergüenza presen tarme, no solo ante mis padres, sino ante el resto del mundo. En este sentido, y desde entonces, he observado lo incongruentes e irracionales que son los seres humanos, especialmente los jóvenes, frente a la razón que debe guiarlos en estos casos; es decir, que no se avergüenzan de pecar sino de arrepentirse de su pecado; que no se avergüenzan de hacer cosas por las que, legítimamente, serían tomados por tontos, sino de retractarse, por lo que serían tomados por sabios.
Juego
Juego.
Como los nenes que no hacen caso.
Juego con todo,
con las ideas,
con el trabajo,
con las opciones,
con las letras,
las palabras.
Hábilmente encajadas.
Dejé de jugar con las personas.
Sólo porque les duele.
Después se curan.
Me pasa. Te pasa.
Juego.
Porque la necesidad está,
están las ganas,
la inquietud.
Viene tu pie a mi memoria,
se instala una imagen,
una canción.
Sigo con ganas de creer y no pensar.
Alguna distancia.
El derecho procesal,
el otro izquierdo procesado,
el pensamiento,
la pangea que vive mi cuerpo
cuando te imagino,
en la lluvia,
iluminándote,
sola, sin sol disponible,
en el río,
en el mar,
en el patio,
y sonrío.
Te borro la cara indecible,
mientras te contesto,
no te escribo,
y pienso, pienso, pienso,
pienso en la noche más fría,
te descifro.
Te analizo,
te combato.
Te aniquilo.
Te rompo en mi alma de nubes,
te asesino.
Te doy un Benedetti de sombras,
me das un hablemos bajito.
Te doy.
Te daría.
Jugaría contigo otro partido.
Prendería la play de la vida.
Compartiría mi joystick sin hilos,
mi tiempo sin horas.
Mi voz.
Lo que escribo.
Y juego.
Como si existiese motivo.
Juego.
Juego.
Como los nenes que no hacen caso.
Juego con todo,
con las ideas,
con el trabajo.
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