lunes, 6 de agosto de 2012

El arbol de quinotos

La fe es la perspectiva del amor.

Estas empiezan a ser las últimas palabras que encierre en este lugar
por eso creo que nos hará muy bien empezar a elegirlas,
una a una y a conciencia
comprendiendo que afecta al corazón
y algo se moviliza en el alma
preparando al espíritu para lo nuevo
que sigue desconocido.

Quiero que sea una oración de cotidianidad
sin arrogancia ni mampostería;
que se logre la belleza cruda
del que esculpía en el mármol
que no tenga retoques
ni magia posterior
ni imágenes que agreguen sugerencias,
que esté desnuda en la inmensidad de internet
conociéndose a sí misma bella enteramente,
sólo por sentir el amor con la que la estoy creando.

Y que los niños, jugando, me adhieran lo sensible que no está
quizás en lágrimas muy saladas de la adolescencia que se perdió
quizás en cosas que no tuvo tiempo de llorar porque tuvo que resolver,
y en cosas en las que se tuvo que buscar la solución mientras se lloraba.
Sólo se le tiran piedras al árbol con fruto, anotó Ayelén,
yo no la conozco y ella no me conoce,
e igual la leí, y sin conocerla me hizo muy bien...

Me acordé de cuando se agitan las ramas de las copas y se escucha el golpe seco,
me acordé de los nogales y sus metralletas de besos en la tierra contra el viento,
vi el vibrar a los manzanos rionegrinos cara al pueblo, soltando frutos puros
soltando lo mejor de sí, como cuando el hermano se acuerda y te da un beso.
Así lo viví.

Lo viví seleccionando el gramo que te haga diferencia.
Lo viví mirando el tiempo desde que me detuve
lo entendí porque soy de la savia, lo sé porque soy de un árbol,
conozco mis ramas vivas, reniego de mis ramas secas
soy loco como un quinoto, que es un rayo dado vuelta de amarillo.

Puedo entonces hablar de lo que quiero
en horas que no te digo nada
en segundos que te dije todo.

En vueltas que al barco ajeno le dio campana
haciéndose imposible reverencia alguna
milagro, o recupero, o cosa programada...

Encierro en las paredes de un gran departamento
poesía necesaria que se ha inutilizado
herida como un gamo que alcanza su disparo,
herido como un vientre feliz del nacimiento
un sólo sentimiento, un sólo rocanrol
un sólo cielo arriba y al cielo un solo sol.

Así.

Sensible al momento ajeno de buscar su hora,
su próxima palabra, su final premeditado,
se sueña con la letra efe, poniendo fin a esto,
que es todoloquetienees y es todoloquetengoo...

Buscá palabras para que rime contigo
dame la mano,
y andemos a la meta.

Al llamamiento.


Estas terminan de ser las últimas palabras que encierre en este lugar
por eso creo que nos hará muy bien terminar de elegirlas,
una a una y a conciencia
comprendiendo que afecta al corazón
y algo se moviliza en el alma
preparando al espíritu para lo nuevo
que sigue desconocido.

La nueva dimensión del habla.

Espero tus palabras.

Una vez le respondí a un profesor
que es necesario irse por la ramas mientras se habla,
porque esta es la manera,
como hace el árbol de quinotos,
de tener multitud de frutos...

Tiren piedras nomás
que así tampoco se detiene la primavera.

viernes, 3 de agosto de 2012

Eli.

Conocí a un hombre que no entendía el sentido de las oportunidades,
cortaba el césped, anudaba la corbata, leía largos libros,
y al pasar la oportunidad,
no distinguía su botón de su anillo,
su paz de su almuerzo,
la razón de la partida de naipes.


Incluso los hombres le decían, eres fabuloso,
eres magnífico, pero leía grandes libros, escribía hermosas canciones,
hacía con muchísima facilidad cuál arte quisiera,
tocaba la medicina del niño con dolor cuando leía,
y al pasar la oportunidad,
no la distinguía.
Como si fuera un pez invisible,
una nube que volverá a ser cielo prontamente,
la nada quizás.
Así. Se silenciaba.


Cuando la oportunidad llegaba, tocaba trompetas el portal de la ciudad,
las luces de las calles se encendían, la vida se ponía a nuevo,
porque en todos la expectativa era comerla,
darle un beso en la mejilla, sobornarla,
quizás pedirle que se quede, a anquilosarse con los demás,
muriendo poco a poco hasta sentirse común,
el mientras tanto, jugaba con sus juguetes para adulto,
se decía enamorado por aquí o por allí,
la película se transcribía por dentro de sí,
queriéndose terminar de un golpe,
de un corte de luz,
oportunidad que tampoco distinguió y prendió una vela.


No le interesaba la novedad, para el hombre sabio las cosas no son nuevas,
simplemente se ocurren en el tiempo indicado,
como si la ocasión dispusiera del tiempo muerto,
este tiempo insípido y procaz que no se atreve
a ser al menos, oportunista con sus propias oportunidades,
renunciado al dolor, que provocó a ver perdido la chance,
que no distinguió, pues cuando ocurría la realidad,
él se estaba vistiendo después de ducharse.


El mundo pasó por al lado de él.
Abandonándolo.


Lo dejó solo.


Sentado.


El hombre que habría convencido a la multitud de sus oportunidades,
hoy habla a través de renglones que convencen a sí mismo,
de que la vida es más la vida sin el oportunismo,
que la historia no es vivir todos los días, sino llenar los vacíos,
los propios y los ajenos, de estos pozos que están, aquí,
tan llenos de palabras, tan inundados,
que asfixian a los que distinguen el tiempo en el que viven,
no deseando ni por un momento salvarse solos,
sino llevarse a una generación de hombres que aplauden consigo,
solamente para mostrar orgullosos su corona de conducta,
mientras la nueva oportunidad aparece,
mientras el hombre del que hablo, no abandona sus juguetes...


Pero hablo de un hombre que sabe,
no hablo de mí, ni de vos,
ni de mi padre.
Hablo del hombre que no vio la vida que lo parió.
Hablo del hombre que opinó.
Del que no hizo ni una vez de oportunidad.
Del que no supo ser trampolín de nadie.
Del que no se sometió a nada.
Solamente por no distinguir la palabra de su libro.
El verbo de su libro.
El amor de su libro,
en su libro.


El hombre que tuvo la Biblia en las manos,
y en esta no vio una nueva oportunidad.
Es el hombre que no se ha animado a nacer.
El desierto no es la soledad,
el desierto es la necesidad de caminar a solas,
o con Cristo.
Lejos de cualquier otro hombre.
Lejos de todo oportunismo.


Voy por mi última oportunidad.


Eli.



jueves, 2 de agosto de 2012

Negro

Los ojos negros de la noche como el interior del horno,
los ojos negros tienen al final,
como el cuervo que daña al cuerpo abandonado,
negro, como si se pudiera pintar,
el mundo, espiritualizado, deshumanizado,
de negro.
Negro.


Los ojos negros de la noche como la amistad sensual,
negros como la madrugada que agota al cuerpo
negro como el humor de mantenerse despierto,
aún en esto que es casual o no lo es,
aún pudiendo permitirme grandes avances,
y viviendo aún más grandes retrocesos.


¿Qué voy buscando mientras camino en este sendero
porqué miro para arriba si el tránsito es el descenso...?


Quién no se preguntó alguna vez,
¿Qué pasará si me muero?


Qué es la vida de a poco como un enigma primero,
de niño, de anciano, chicos o viejos,
acertijos resueltos,
cronograma de tiempo ajeno
plato de sombras que comemos
avances de broncas que no nos tenemos.


Ayer hacía calor en el seno de mis sueños,
ayer tenía amigos, manos, hombros, papeles,
ayer quería pintar conociendo el modelo
pero aprendí el color negro.
Línea obtusa la que se concibe caminando rengo.


Color de cielo, color pensado, color negro.
Final del tarro, apertura de boca, similitud del pelo
semejanza abierta
bombardeo eterno
abrí los ojos cerrados de la noche
y esperaba, con hambre el cuervo.


Debo ponerle flores al recuerdo,
debo marchitar primero
principio y fin...


El uno y el cero.


El cero. De lápiz
círculo que marca un punto
de partida o de final
de comienzo o de regreso,
nunca color el lápiz,
es lápiz.
Es negro.
















martes, 31 de julio de 2012

Atención

El trabajo frente a la poesía es silencio, busca apagar su voz,
como se derrama el fuego debajo del agua
perdiéndose líquidamente danzando en nosotros
integrado a saber que este es su último mes de libertad.


El final, el ocaso, el destino de terminar frente a la vida,
al clímax, al punto de fuga, al lugar seguro
a la presión poderosa del brazo del sol
como si una mano colosal presionara desde arriba.


Vos y yo, lo que pasó en el olvido, lo que pasó ya pasó
vos moviéndote en el agua entonces,
y yo buscando la forma de entrar contigo a la luna
o dónde quieras ir a vibrar, celestial y cautiva.


Pero, si no te encontrás acá,
deberé decirte que no busques
simplemente que tu imaginación se vaya
y sepa que este treinta de agosto se finaliza este libro.


Morir nacer mil noches todavía,
cambiará de tapa, de lugar de vientre
será una obra completa,
un punto de referencia


en donde encuentras lo que quieres,
pero en donde no siempre te gusta.
A veces no te gusta buscarte,
preferirías que diga: para vos...


Cómo si mi ilusión dependiese de tu consigna,
como si mi amor por todas las cosas,
fuera la parte oscura de un imperio
que solo pretende el amor en exclusiva.


No es amor entonces, eso es cárcel.
No es amor entonces, eso es ganas,
no es amor entonces, voluntad,
se va el tren de la estación y sale


sale surcando la noche celeste,
último mes de este sitio gastado,
último mes, de llegar hasta acá.
Agosto treinta cierro el sitio,


todo lo que no hayas leído,
desaparecerá.