Te has caído dentro de los lugares en donde los permisos son la opción,
al lado mío nunca te gustó esperar, nunca quisiste alzar la mano,
quizás no era tan importante la opinión.
Te llamaba la atención mi espalda, a mi me gustaba tu cadera,
tan pretérito lo que te cuento, que un verso y otro; se guardan y se archivan,
se seleccionan, se detestan, se miran.
Al tiempo se ponen sepia como si la memoria tuviere ojos,
y estos una gelatina ámbar...
Saben todavía que al uno le falta el dos, saben claro, que es poesía,
que nada quiere escapar. Aquí, ya no tengo preguntas de verano,
ya no puedo preguntarle a la señorita.
A ella ya no le importa que yo levante la mano.
Entre sus piernas quedó mi delicada manera de leerle Dolina,
se fue bailando en una balanza perfecta, suspendida como las bailarinas de Degas,
sumergidas en mi mente, silenciadas, en tintineos.
¿Estaba enamorado?, se piensa como piensa el hombre,
no me gusta decirle tarde, prefiero decirle luego,
se asombró de oir lo dicho,
diga. ¿De verdad?
Arreciada mi costa, he puesto las maderas por sobre los postigos,
me guardo en soledad, sentado o mudo, y busco donde sabe ella,
que se ríe sutilmente hacia la izquierda,
dónde la busco a ella, por qué y ella lo sabe.
Y claro. Después de la tormenta, pondremos cable y otra lona,
daremos más apoyo a los cimientos,
y dado que la noche me convence,
es propicio, que la invite a dormir sueños.
Sin contactos. Claro.
Es una chispa de bronca la que me pegó en el ojo,
aturdiendo las más disparatadas formulaciones...
Pero ella me corrió las manos de la herida,
como quitando un envoltorio emocionada,
y me dió tanto amor de un solo golpe,
que está sano lo que ayer que sangraba en llagas...
Y el final es claro abierto como el cielo,
tiene estrellas,
sensaciones
y la luna,
ruido a olas, viento austral, rocas dispersas,
intenciones, emociones, y familias,
y si acaso, acostándote; me abrumas,
tiene plumas de zorzal,
y voz plomiza,
porque todo el mundo cambia y se me tuerce,
al fijarme que mi diestra es tu sonrisa.
De Degás
miércoles, 13 de julio de 2011
martes, 12 de julio de 2011
Mezcla
Es de mañana de nuevo, hay olor a conquistas,
es raro pensar que esto ya ha sido escrito,
me someto al descontrol, un poco, permanezco despierto,
me encuentro muy lejano de aquello que he dormido.
Me recompuse con la palabra mezcla, me sedujo la canción que generó la dicción.
Una y otra vez, repito; mezcla, de nuevo, mezcla. No puede repetirse más. Oí.
Es la piel que se contrajo buscando un dueño, una solución pasmosa,
es una mano que recorrió el todo generando el enfásis,
es una sección que no quiere permitir ser descubierta.
Es la antesala del miedo, es el amor, y después el extásis.
Desde la cama, cuando la cama es uno. Hasta la cama si es dos.
Hasta la aurora, fugitivo de todo imaginario.
Violento, descansado, sometido, descangallado.
Fluido como el tango, podrido como el queso azul,
añejado, distinguido, de etiqueta.
Y claro una mente humana,
detrás una conciencia dividida.
De repente un túnel, Sábato renegando en trámites que lo aquejan y lo alejan,
permanece la resistencia, los volúmenes altos de televisores encendidos,
y yo me estaré quedando sordo creo, porque no te escucho,
vos me hablás y me hablás, movés la boca cerca mío,
y yo,
yo no te escucho.
Pero no te sientas mal,
no es mala conducta,
es una forma de combatir al mundo.
Yo no te escucho.
Exploto desde acá, combato desde acá,
las explosiones que nacen en mi corazón,
cuando Dios golpea el metal de estas teclas,
cuando decide crear esto que se crea adentro mío,
y largarlo así, parirlo así. Visceral.
Con sangre, con sudor, con lágrimas.
Conquistador.
Soberbio.
Altivo.
Para morir. Sale a morir.
Porque para permanecer hay que morir.
Una dignidad que ni apenas conocés,
porque tu construcción es siempre la de caer bien.
Y de esa manera genuflexa, nadie es martir,
ningún potencial se libera.
Lo viejo debe morir. Nacer lo nuevo.
Así darle paso y curso a la mañana.
Asumir que uno lo único que quiere es la poesía,
y desear que no se entienda a simple vista,
sino que al repetir,
como la palabra; mezcla,
vaya apareciendo escurridiza la consigna.
No mejorará jamás aquello que no ha empeorado.
...
"La vida de los hombres se centraba en valores espirituales hoy casi en desuso, como la dignidad, el desinterés, el estoicismo del ser humano frente a la diversidad. Estos grandes valores espirituales, como la honestidad, el honor, el gusto por las cosas bien hechas, el respeto por los demás, no eran algo excepcional, se los hallaba en la mayoría de las personas." Ernesto Sábato - La Resistencia.
Paul Signac - Saint-Tropez
es raro pensar que esto ya ha sido escrito,
me someto al descontrol, un poco, permanezco despierto,
me encuentro muy lejano de aquello que he dormido.
Me recompuse con la palabra mezcla, me sedujo la canción que generó la dicción.
Una y otra vez, repito; mezcla, de nuevo, mezcla. No puede repetirse más. Oí.
Es la piel que se contrajo buscando un dueño, una solución pasmosa,
es una mano que recorrió el todo generando el enfásis,
es una sección que no quiere permitir ser descubierta.
Es la antesala del miedo, es el amor, y después el extásis.
Desde la cama, cuando la cama es uno. Hasta la cama si es dos.
Hasta la aurora, fugitivo de todo imaginario.
Violento, descansado, sometido, descangallado.
Fluido como el tango, podrido como el queso azul,
añejado, distinguido, de etiqueta.
Y claro una mente humana,
detrás una conciencia dividida.
De repente un túnel, Sábato renegando en trámites que lo aquejan y lo alejan,
permanece la resistencia, los volúmenes altos de televisores encendidos,
y yo me estaré quedando sordo creo, porque no te escucho,
vos me hablás y me hablás, movés la boca cerca mío,
y yo,
yo no te escucho.
Pero no te sientas mal,
no es mala conducta,
es una forma de combatir al mundo.
Yo no te escucho.
Exploto desde acá, combato desde acá,
las explosiones que nacen en mi corazón,
cuando Dios golpea el metal de estas teclas,
cuando decide crear esto que se crea adentro mío,
y largarlo así, parirlo así. Visceral.
Con sangre, con sudor, con lágrimas.
Conquistador.
Soberbio.
Altivo.
Para morir. Sale a morir.
Porque para permanecer hay que morir.
Una dignidad que ni apenas conocés,
porque tu construcción es siempre la de caer bien.
Y de esa manera genuflexa, nadie es martir,
ningún potencial se libera.
Lo viejo debe morir. Nacer lo nuevo.
Así darle paso y curso a la mañana.
Asumir que uno lo único que quiere es la poesía,
y desear que no se entienda a simple vista,
sino que al repetir,
como la palabra; mezcla,
vaya apareciendo escurridiza la consigna.
No mejorará jamás aquello que no ha empeorado.
...
"La vida de los hombres se centraba en valores espirituales hoy casi en desuso, como la dignidad, el desinterés, el estoicismo del ser humano frente a la diversidad. Estos grandes valores espirituales, como la honestidad, el honor, el gusto por las cosas bien hechas, el respeto por los demás, no eran algo excepcional, se los hallaba en la mayoría de las personas." Ernesto Sábato - La Resistencia.Paul Signac - Saint-Tropez
Los Ases del Carnaval
Te la hago corta, chiflame, traje en mano, manga corta, esperando el colectivo,
es sábado, o mejor dicho madrugada, fin del corso, estrellas del firmamento, nacidas para el domingo,
tengo el tiempo, voy de viaje, por la aureola que destrababa tu luna de febrero,
me quedé guardado, sin equivocarme, en esto de la murga, realmente yo vi al murguero...
Estaba escondido entre abrazos fugaces, que fueron alimento para el corazón herido,
canciones de carcajadas, versos alegres, noches de desaparecidos, y muchas y no una, mañanas tristes,
pero conozco las mañas, y tengo tinta todavía, en mis cartuchos,
no soy todo lo que hablo, aún escribo, pienso en vos, y no te escucho.
Late el bombo que mi glándula murguera sigue viva, tengo sangre en la memoria,
tengo lluvia, tengo calle, y fui una esquina.
Pero me quise contar el cuento que llegó después.
Y todo eso, con su gloria y con su magia, fue a la ruina...
Soy responsable de las canciones satelitales, y nunca de la voz de caramelo,
soy aquel que puso la mano sobre los naipes, y dibujo una bandera para todos,
y sé murga, quizá mucho, quizá poco.
Será momento de despedirte mi querida,
salar redonda ésta eterna herida, y no irme sin decirte que,
en tus platos, bronce vil que sangró al dedo,
y en tu pulso, mal canción acompañada y a lo bestia,
hice historia en algún lugar de la memoria,
y ahora, que todos los celulares se quedaron en silencio,
me iré para extrañarte, colgado, en la hazaña oscura de,
sentirme dueño, de tu letra, de tu voz y tu estandarte...
Y nunca pudo ser en otro lado, pronto llegará otro febrero estival,
y probablemente, en la escuela, la memoria de alguno traerá a un Guille,
que seguramente sabe, ¿De qué se tratan Los Ases del Carnaval...?
es sábado, o mejor dicho madrugada, fin del corso, estrellas del firmamento, nacidas para el domingo,
tengo el tiempo, voy de viaje, por la aureola que destrababa tu luna de febrero,
me quedé guardado, sin equivocarme, en esto de la murga, realmente yo vi al murguero...
Estaba escondido entre abrazos fugaces, que fueron alimento para el corazón herido,
canciones de carcajadas, versos alegres, noches de desaparecidos, y muchas y no una, mañanas tristes,
pero conozco las mañas, y tengo tinta todavía, en mis cartuchos,
no soy todo lo que hablo, aún escribo, pienso en vos, y no te escucho.
Late el bombo que mi glándula murguera sigue viva, tengo sangre en la memoria,
tengo lluvia, tengo calle, y fui una esquina.
Pero me quise contar el cuento que llegó después.
Y todo eso, con su gloria y con su magia, fue a la ruina...
Soy responsable de las canciones satelitales, y nunca de la voz de caramelo,
soy aquel que puso la mano sobre los naipes, y dibujo una bandera para todos,
y sé murga, quizá mucho, quizá poco.
Será momento de despedirte mi querida,
salar redonda ésta eterna herida, y no irme sin decirte que,
en tus platos, bronce vil que sangró al dedo,
y en tu pulso, mal canción acompañada y a lo bestia,
hice historia en algún lugar de la memoria,
y ahora, que todos los celulares se quedaron en silencio,
me iré para extrañarte, colgado, en la hazaña oscura de,
sentirme dueño, de tu letra, de tu voz y tu estandarte...
Y nunca pudo ser en otro lado, pronto llegará otro febrero estival,
y probablemente, en la escuela, la memoria de alguno traerá a un Guille,
que seguramente sabe, ¿De qué se tratan Los Ases del Carnaval...?
Terceras veces II (Trilogía de la tragedia)
Podría despertarme y pedirle agua a la agonía de la sed que es tuya,
queriendo, por ejemplo que emergas de por entre donde no veo,
para que ver, se aproxime a los milagros, por tanto, los milagros,
que existen, vienen a confirmar esta mañana que yo creo.
Pero en qué creo, en las manos tibias, en las espaldas sudorosas,
en el amor combinado como obsequio de un pasado que nos vino,
a entre otras cosas, confirmar que no hay pucho que el destino no se fume,
que lo que debe ser será, como si no pudiesemos eludir lo designado.
Quiero contarte por ejemplo, que esto no es un soneto, ni una cuarteta,
ni apenas un decálogo de buenos días con besos para vos, para el café,
[mal que me pese me cuesta asumir que no te podés despertar conmigo...]
con la experiencia sútil de quien no vuelca una gota de agua demás,
porque no le falta nada, pero en Dios, no derrochar.
Porque volcás la mano suave hacia la dirección, porque doy vueltas sobre tus manos,
como si estuviese superando un monte claro, cortado por ríos serpenteantes,
[¿vos viste detenerse a un cóndor por los aires, para elegir el objetivo...?]
de un valle que la mano de Dios habrá pintado como nuevo,
para confirmarte, que hasta donde se ha perdido todo, igual yo creo.
Para ayudarte, no a alivianarte las cargas, porque no seré mientras me toque buey de nadie,
sí, con las maletas que el olvidarnos deje en formas de palabras que lastimen, como sentidos,
parecidos a emociones, tan parecido es. Tan parecido.
Que creer es un delito de ambición, cuando uno no ha certificado aún que se ha vivido.
Entonces, tu mano, se vuelve a posar, y la noche y la mañana siguiente se ha vuelto prosa,
el invierno, con el infierno inclusivo de las almas, se ha vuelto una magnífica y fantástica primavera.
Posada así suave y tierna, y sin nervios, y sin problemas, y sin calumnias, sin verso,
como el aura celestial que me invadía, mientras todo lo que sé se ha tornado en mariposas.
Llegá justo el día que tengas que matarme todos los pájaros, no tardes,
porque la muerte va a invadir el valle, tarde o temprano. Ese día no te tardes.
Porque voy a seguir creyendo hasta la última gota de lluvia, hasta la última nube,
porque en tus manos de luna, y en tus ojos, y en la boca,
[aunque bien podría haber elegido otro barrio*]
Hasta en las amígdalas tengo ganas de verte, hasta en los juglares del tiempo,
hasta en el paravalancha, hasta en la biblioteca, hasta en el camino,
hasta en la playa, hasta en las estructuras, que no quiero intervenir, ni ser dominio,
hasta en los estertores, llegá temprano, no tardes, porque no he venido a vender nada que no tengo,
porque todo y nada en este sinfín de volver a creer me da lo mismo...
Porque no te quiero ver con cara de punto final, pero hasta el más grande Sabina,
teme a las balas de juguete que nos matan, y puede congelarse en los puntos suspensivos,
porque encontré en tu cintura el canal que me hizo escribir todo esto,
pero no demores, sos fantástica. Porque mientras vos tardas, yo todavía te creo.
Y si uno cree y espera.
Suceda lo que suceda,
Dios nos va a confirmar,
que no sólo es que exista,
o no exista mi problema,
sino que cumpla con acción,
el verbo ingrato, y todavía no me bañé,
ni saqué el fato,
que supone trasquilarme después tuyo,
cuando ni toda la cabeza te alcanza,
para entender que estuve siempre,
tan sencillo como un vidrio,
que transparente y por delante no vistes.
Y claro. Mucho menos que Dios, pero que estuvo.
Quiero dormir para que tu voz me confirme que existo la mañana siguiente.
Me partiste la cabeza. Así nomás. Toda rota.
Toda.
Terceras veces.
Agosto agotado 2010
queriendo, por ejemplo que emergas de por entre donde no veo,
para que ver, se aproxime a los milagros, por tanto, los milagros,
que existen, vienen a confirmar esta mañana que yo creo.
Pero en qué creo, en las manos tibias, en las espaldas sudorosas,
en el amor combinado como obsequio de un pasado que nos vino,
a entre otras cosas, confirmar que no hay pucho que el destino no se fume,
que lo que debe ser será, como si no pudiesemos eludir lo designado.
Quiero contarte por ejemplo, que esto no es un soneto, ni una cuarteta,
ni apenas un decálogo de buenos días con besos para vos, para el café,
[mal que me pese me cuesta asumir que no te podés despertar conmigo...]
con la experiencia sútil de quien no vuelca una gota de agua demás,
porque no le falta nada, pero en Dios, no derrochar.
Porque volcás la mano suave hacia la dirección, porque doy vueltas sobre tus manos,
como si estuviese superando un monte claro, cortado por ríos serpenteantes,
[¿vos viste detenerse a un cóndor por los aires, para elegir el objetivo...?]
de un valle que la mano de Dios habrá pintado como nuevo,
para confirmarte, que hasta donde se ha perdido todo, igual yo creo.
Para ayudarte, no a alivianarte las cargas, porque no seré mientras me toque buey de nadie,
sí, con las maletas que el olvidarnos deje en formas de palabras que lastimen, como sentidos,
parecidos a emociones, tan parecido es. Tan parecido.
Que creer es un delito de ambición, cuando uno no ha certificado aún que se ha vivido.
Entonces, tu mano, se vuelve a posar, y la noche y la mañana siguiente se ha vuelto prosa,
el invierno, con el infierno inclusivo de las almas, se ha vuelto una magnífica y fantástica primavera.
Posada así suave y tierna, y sin nervios, y sin problemas, y sin calumnias, sin verso,
como el aura celestial que me invadía, mientras todo lo que sé se ha tornado en mariposas.
Llegá justo el día que tengas que matarme todos los pájaros, no tardes,
porque la muerte va a invadir el valle, tarde o temprano. Ese día no te tardes.
Porque voy a seguir creyendo hasta la última gota de lluvia, hasta la última nube,
porque en tus manos de luna, y en tus ojos, y en la boca,
[aunque bien podría haber elegido otro barrio*]
Hasta en las amígdalas tengo ganas de verte, hasta en los juglares del tiempo,
hasta en el paravalancha, hasta en la biblioteca, hasta en el camino,
hasta en la playa, hasta en las estructuras, que no quiero intervenir, ni ser dominio,
hasta en los estertores, llegá temprano, no tardes, porque no he venido a vender nada que no tengo,
porque todo y nada en este sinfín de volver a creer me da lo mismo...
Porque no te quiero ver con cara de punto final, pero hasta el más grande Sabina,
teme a las balas de juguete que nos matan, y puede congelarse en los puntos suspensivos,
porque encontré en tu cintura el canal que me hizo escribir todo esto,
pero no demores, sos fantástica. Porque mientras vos tardas, yo todavía te creo.
Y si uno cree y espera.
Suceda lo que suceda,
Dios nos va a confirmar,
que no sólo es que exista,
o no exista mi problema,
sino que cumpla con acción,
el verbo ingrato, y todavía no me bañé,
ni saqué el fato,
que supone trasquilarme después tuyo,
cuando ni toda la cabeza te alcanza,
para entender que estuve siempre,
tan sencillo como un vidrio,
que transparente y por delante no vistes.
Y claro. Mucho menos que Dios, pero que estuvo.
Quiero dormir para que tu voz me confirme que existo la mañana siguiente.
Me partiste la cabeza. Así nomás. Toda rota.
Toda.
Terceras veces.
Agosto agotado 2010
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