Se hundieron las manos en la harina, con la idea de volver pan la mezcolanza,
una idea superior a la rutina, el caudal del río vivo no descansa,
la levadura que murmura inflando con su hongo, lo que aquel ojo posó para soñarte,
entera y musical; formas quimeras, de la unión casual voraz para encontrarte...
Entonces me decís que era mentira, te escondés entre los juncos de un estero,
te guardas, te mentís, te protegías, te querías volver, me hiciste un verso.
Un verso que después de muchos años, aún me sopla por la tapa de cilindros,
me acompleja cuando busco por adentro lo que siempre pude ver en mis bolsillos,
y ahora tengo de la vida la peor parte, la de andar como un loco por la calle,
en este viaje de anfetas que no me terminan nunca de pegarme,
pasta a pasta, locura a locura, mandándote a mis fantasmas a callarte,
oir que existe sabés. Y que no estés. No me sorprende.
La primera vez que nos abandonaste, nos dejaste con la nada de una fe,
y uno es niño sabés, uno no suele entender que Dios está metiendo la mano por lo pronto,
entonces, te perdonamos aquella vez, y pensábamos que ahí terminaría.
Como se termina esto.
Porque aquí habré vomitado tanta angustia,
que al englobarlo todo en el mismo globo,
será una causa perdida yendo al cielo,
como si el arrepentimiento te resolviera,
algunos de los abismo que nos has cavado.
Estos pozos que tienen nuestras almas,
son agujeros que me hicieron tus mentiras,
y el haberlas creído, entonces, me dieron la verdad,
como el del punto de un final que no termina.
Así en mi cabeza, necesita dormir sin lo que tengo,
por esa razón se cierra lo que se está cerrando,
sin cerrarse nunca lo que nunca cierro.
Andá saber que tordo me ha matado,
la extraña sordera de aquello que es curable,
si el viento que me sopla en la cabeza,
es dolor creado por mi mismo, pero es aire.
viernes, 24 de agosto de 2012
lunes, 20 de agosto de 2012
El rúgido (Glosa de Murga)
También es un talento y un arte,
y muchas veces hay que desesperarse por no poder,
por no poder, decirte, un día compartirlo...
estaba cosiéndose perdida entre la urbe,
el difícilmente distinguible volar de un bombo dulce por los aires,
mientras que una amiga armaba eso de hacer un mate
y la radio sospechaba dibujos de trazos de futbolistas,
entre gol y gol, y temor de caer del resultado,
sentía tu voz que me pedía, diciéndome...
La tarde avanzó entre las nubes del cielo desigual de los soñadores,
parecido un refutador, un convencido de lo contrario y te sentí lejana,
podés ver sus colores ambarinos, su metástasis urbana simple
su condición elegante en la fenomenal materia de desintegrarse,
como vos sabés solamente hacerlo, vos eras mía murga,
como eras desde siempre una Murga por el aire,
como un viento que te vuelve a decir tentándonos,
que soy la identidad del mundo,
que soy el homo sappiens sappiens,
que no tengo una tarde de descanso,
pero vení como puedas hoy,
aún si hoy no podés, vení igual,
que le importa a la alegría que estés descalzo.
Entonces otro rugido que se quebrará en la tierra,
tremulante, vívido, eléctrico, certero
como bala que no se desperdicia en nada,
con esta esencia natural primera, de ser un Murguero
entender que te sangre la mano por tocar la puerta
entender que para siempre no estará Febrero.
Y ante la duda una trompeta me abrirá la calle,
pensaré que ya no tengo la ropa lista,
pensaré en las noches que gasté dándole una idea a la levita,
comprender que fuimos únicos ese día arremolinado...
Ver que las cosas cambian, verme al espejo cambiado
ser y no ser yo, como ha sido Gelman,
ser o no ser, como fue Shakespeare,
andar como el Quijote de la Mancha por la calle,
viendo los gigantes aplaudiendo otarios,
ver que las siluetas se siguen moviendo,
escuchar tu grito y correr a buscarlo...
Y presentarte, delicada funda de joya fina de mi vida,
hermosa Murga,
cómo si en esta presentación se fueran los cimientos de tu estrella,
en la moción del orden subvertido que me arrebata a un nuevo pensamiento,
en el lugar del lugar que sea que estés, sí habrás salido
para siempre, un vecino nuevo que se llega, es bienvenido.
No tiene sentido no soltarte en este barrio,
porque quizás en una esquina sueñe contigo un niño,
quizás seas su única ventana de colores,
quizás seas la verdad hecha de ruido.
Quizás sea domingo y haya escuchado,
desde el pecho, adentro del corazón de cemento, tu rugido...
No importa ni el color ni tu medida,
importa esta que es la verdad
Murga Querida.
domingo, 19 de agosto de 2012
Mirada de cucaracha a través de la familia
Vengo comiéndome los restos de mi hermano por la espalda,
puedo comérmelo sin verle la cara,
puedo arrancar su carne muerta y masticarla,
sin sentir apenas pena por ser parasitario.
Puedo entonces matarles de frente,
aniquilando la vida, cegándoles del sol, las nubes, los cuentos,
puedo limpiarme la quijada ensangrentada sin pensar
que me ha dado un segundo asco, al menos, rabia
puedo ser uno más de este sistema,
viéndolo todo como lo tengo que ver,
para lo cual fuimos preparados por el mundo
sólo yo y nadie más que yo
en mí está la respuesta, la fuerza, que me invita a comerme sus entrañas.
Puedo pisar la cabeza del que tuve al lado,
no permitiendo ser tocado porque ataque desde el aire,
con el odio como escudo de una cobardía solemne,
al menos, sin hipocresía.
Vivir un día de mi vida de verdad y en la verdad,
sabiendo con certeza que mañana será mentira.
Al tomar las manos que de peso muerto han espesado su sangre,
cortar sus dedos con ánimo apagado,
mientras en la encía se coagulará tu mana
sin pensar que haya una culpa más grande,
olvidando que lo conocí y reímos juntos,
sin traicionarle ni traicionarme
en un domingo de carne sacrificada.
Comerme también su cerebro para que en mi estómago me duela el pensamiento,
la oscuridad de este pasillo en donde las personas se lastiman a sí mismas
fingiendo parecer más fuertes, muertos todos en el resplandor de un hongo,
y sobrevivir, apenas, excretando los ideales del pueblo
cansado de mendigar el pan propio que me correspondía por haber nacido
no eligiendo de una vez y para siempre,
ser un caníbal como lo fueron mis padres,
ser un caníbal como mis hermanos...
¿Ellos no te comerían de morir primero...?
Pinto la pared del mundo para que el silencio se haga carne dentro mío
encajada la realidad en un banco de arena que se agrieta,
haciéndonos entrar en esta dimensión desconocida
donde la vida es la muerte del imperialismo
y la muerte es la imperial posibilidad de la vida.
Estoy vivo dando cuenta que no cambió la forma de la vida humana,
que acaso las buenas ideas del Universo, o Su Creador,
han colapsado y el mantenimiento es que nadie quiera enfrentarse a la verdad,
como si la opción fuera la primera manera de cambiarte el nombre,
antes que te llamabas de una forma, y a ese nombre, respondías.
Hoy que no sé quién sos, como no me importó saberlo,
de nuevo, te comería.
Sin sentir por un momento desagrado, ni al menos empatía,
darlo entonces como una cuestión de vida misma,
en la que si yo no logro ser yo, nadie me devolverá un día de mi vida,
y si no lucho, porque me lastimó un sentimiento pasado,
me queda aún conocerme desde un motivo más grande todavía.
No voy a encontrar comiéndome los ojos del al lado
la visión que no mirarán mis ojos de mi vista,
no entenderé que comerme al prójimo sigue siendo malo,
mientras no pueda disociarse mí caníbal.
No podrás fingir cuando terminen las líneas el no saber de qué te que hablo,
habrás conocido al Buen Dios un rato largo después de conocer al mal diablo,
y si hay un mal hay un bien, como habrá un cero y un cien,
pero debería tener mi libro listo esta mañana,
o tener un bajo que suene como gritará mi alma,
masticando tu carne desgarrándole
lo que le quede de risa y canción.
Porque cuando un hombre no entiende de qué reírse,
se supera la idea de vivir, desapareciendo
en la idea de morirse.
Hay que poner la otra mejilla siempre.
Aunque el cuello de mi amarga cucaracha haya sido
un espanto destartalado
debajo de mi zapatilla.
Mirada de cucaracha a través de la familia.
puedo comérmelo sin verle la cara,
puedo arrancar su carne muerta y masticarla,
sin sentir apenas pena por ser parasitario.
Puedo entonces matarles de frente,
aniquilando la vida, cegándoles del sol, las nubes, los cuentos,
puedo limpiarme la quijada ensangrentada sin pensar
que me ha dado un segundo asco, al menos, rabia
puedo ser uno más de este sistema,
viéndolo todo como lo tengo que ver,
para lo cual fuimos preparados por el mundo
sólo yo y nadie más que yo
en mí está la respuesta, la fuerza, que me invita a comerme sus entrañas.
Puedo pisar la cabeza del que tuve al lado,
no permitiendo ser tocado porque ataque desde el aire,
con el odio como escudo de una cobardía solemne,
al menos, sin hipocresía.
Vivir un día de mi vida de verdad y en la verdad,
sabiendo con certeza que mañana será mentira.
Al tomar las manos que de peso muerto han espesado su sangre,
cortar sus dedos con ánimo apagado,
mientras en la encía se coagulará tu mana
sin pensar que haya una culpa más grande,
olvidando que lo conocí y reímos juntos,
sin traicionarle ni traicionarme
en un domingo de carne sacrificada.
Comerme también su cerebro para que en mi estómago me duela el pensamiento,
la oscuridad de este pasillo en donde las personas se lastiman a sí mismas
fingiendo parecer más fuertes, muertos todos en el resplandor de un hongo,
y sobrevivir, apenas, excretando los ideales del pueblo
cansado de mendigar el pan propio que me correspondía por haber nacido
no eligiendo de una vez y para siempre,
ser un caníbal como lo fueron mis padres,
ser un caníbal como mis hermanos...
¿Ellos no te comerían de morir primero...?
Pinto la pared del mundo para que el silencio se haga carne dentro mío
encajada la realidad en un banco de arena que se agrieta,
haciéndonos entrar en esta dimensión desconocida
donde la vida es la muerte del imperialismo
y la muerte es la imperial posibilidad de la vida.
Estoy vivo dando cuenta que no cambió la forma de la vida humana,
que acaso las buenas ideas del Universo, o Su Creador,
han colapsado y el mantenimiento es que nadie quiera enfrentarse a la verdad,
como si la opción fuera la primera manera de cambiarte el nombre,
antes que te llamabas de una forma, y a ese nombre, respondías.
Hoy que no sé quién sos, como no me importó saberlo,
de nuevo, te comería.
Sin sentir por un momento desagrado, ni al menos empatía,
darlo entonces como una cuestión de vida misma,
en la que si yo no logro ser yo, nadie me devolverá un día de mi vida,
y si no lucho, porque me lastimó un sentimiento pasado,
me queda aún conocerme desde un motivo más grande todavía.
No voy a encontrar comiéndome los ojos del al lado
la visión que no mirarán mis ojos de mi vista,
no entenderé que comerme al prójimo sigue siendo malo,
mientras no pueda disociarse mí caníbal.
No podrás fingir cuando terminen las líneas el no saber de qué te que hablo,
habrás conocido al Buen Dios un rato largo después de conocer al mal diablo,
y si hay un mal hay un bien, como habrá un cero y un cien,
pero debería tener mi libro listo esta mañana,
o tener un bajo que suene como gritará mi alma,
masticando tu carne desgarrándole
lo que le quede de risa y canción.
Porque cuando un hombre no entiende de qué reírse,
se supera la idea de vivir, desapareciendo
en la idea de morirse.
Hay que poner la otra mejilla siempre.
Aunque el cuello de mi amarga cucaracha haya sido
un espanto destartalado
debajo de mi zapatilla.
Mirada de cucaracha a través de la familia.
sábado, 18 de agosto de 2012
Gracias Mónica
Mito de mirar la vida en lo objetivo,
dolor de caer sin saber con qué vas a golpearte,
como si la velocidad libre del tropiezo
fuera en sí la nostalgia de explotar adentro tuyo
para que la vida se celebre con la dignidad de la libertad,
porque las canciones conocidas ya no pueden cambiar sus letras,
y no hay tableta que te calme, ni dopamina que nos duerma,
el punto será inconexo, la tergiversable opcional,
la premeditada muerte y la vida sin premeditación ni culpa.
Objeto bien preciado es el sentirse querido,
evaluación que se continua en los hospitales,
porque el encierro proviene de adentro tuyo,
tu nombre pronunciado al viento sin ocupar lugar
y la sensación de un ritmo que te pone a pedirle a Dios,
queriendo salir a andar,
la imagen que mandaste se equivoca
y un virus de computadora te enferma el alma,
y te entristezca que te ignoren por un momento en la realidad,
y se hayan llevado lo que amas como en un robo
dándote la idea de la inseguridad,
inexistente y muy drogada sensación.
Y la lluvia que no se conoce cayéndonos encima impune
de un cielo que no se limpia, ni se libra, ni se opone proponiendo,
propuesta que obligue a exigir el cambio que precisarás.
Y este sea el único refugio en la tierra que te entienda
en una palabra que te abrigue y te seque el pelo con una toalla,
pero con amor.
Porque el amor hubiera hecho que te quedes a sufrir este rato conmigo
no como una mujer que se entrega en nada,
pero quizás sí, como un amigo, que se quede firme, como un amigo.
Un amigo que entienda solamente, o que resista.
Mito es la amistad del hombre que ha nacido solo y así muere
no afanándose en mañana mejor, porque mañana mejor ni hablar,
y pasado; qué sé yo... Sí viví mil crestas de olas mayores que éstas,
sí pasé más hambre que hoy, más dolor que hoy,
y si mañana en modo de despedidas, sólo una lágrima te bañe el rostro,
y yo porque me enfermó la injusticia me hunda en el mar,
lleno de explicaciones e información, en datos de bites,
de rimas que son la soberbia del corazón que tiene más profundidad.
Que libremente puede soltar la vida despreciando todo esfuerzo de salvar,
esto que ya se hunde, esto que no se salva,
esta lluvia que hace mucho, como dijo Mónica, hace mucho que no se ve.
Pero la imagen se verá mejor aunque estés solo en el mundo,
y todos al verte andar digan, ella o él fue el hermoso hijo que parecía vuelto,
y vomitó y volvió al origen porque al ver el centro de toda la santidad,
se dio cuenta tristemente que la verdad contada hoy
es la mentira concebida en el vientre de la humanidad de ayer,
porque nadie puede decirse una verdad sin ofenderse,
como si uno viniera a hablarme queriéndome vender el boleto del barco,
del gran rompehielos que ya partió,
del avión que ya se fue,
del colectivo que ya empezó.
Y el sábado al mediodía me sepa andar un poco triste,
porque tengo un corazón muy grande, que nadie llena,
porque no puedo ser tan bueno ni tan malo como quiero,
entonces, la vida sin concesiones, me hagan más daño de lo esperado,
todo porque soy un idiota que necesita echar humo en la cara del sistema
burlar el precinto, romper la regla, suplir la necesidad,
darle al pobre,
atender en silencio de gravedad,
al pasillo de agua barro y de mugre que salpica,
la soledad, del sábado al mediodía,
que es tan real que apenas si me lo creo.
Con toda una familia que se dispersa en éxitos,
con la mitología o con la arquitectura o con la abogacía,
con los principios elementales de un ética que se arrodilla,
de una moral que no se cuestiona,
de una identidad que no sirve en estos días,
porque todo me parece dado vuelta,
como si vivir nos fuera el mito de nevar en Mar del Plata,
para darle al frío la belleza que la lluvia no consigue,
o al menos un abrazo bien dado,
un beso,
o un balazo,
que me raje de la sensación de que todo está perdido.
No es suicida la idea que me mató,
la tristeza es lo que me indujo un poco,
a usar otra vez la palabra suicidio.
Hay hombres adentro nuestro que juegan con esa idea,
como hay partes de las máquinas desconocidas
que se descomponen en la presencia de la frustración
entonces, la psicología no encuentra respuestas,
y Dios, me mira sorprendido.
Me dice, vení.
Yo le digo, está lloviendo.
Me dice, vení.
Yo le digo, tengo frío.
Me dice, vení.
Yo le digo, tengo sueño.
Me dice, vení.
Yo no le contesto.
Entonces, lo encuentro adentro mío.
Gracias Mónica. Hace mucho no llovía así.
Nadie es la persona perfecta,
pero todos tenemos a Dios adentro nuestro.
dolor de caer sin saber con qué vas a golpearte,
como si la velocidad libre del tropiezo
fuera en sí la nostalgia de explotar adentro tuyo
para que la vida se celebre con la dignidad de la libertad,
porque las canciones conocidas ya no pueden cambiar sus letras,
y no hay tableta que te calme, ni dopamina que nos duerma,
el punto será inconexo, la tergiversable opcional,
la premeditada muerte y la vida sin premeditación ni culpa.
Objeto bien preciado es el sentirse querido,
evaluación que se continua en los hospitales,
porque el encierro proviene de adentro tuyo,
tu nombre pronunciado al viento sin ocupar lugar
y la sensación de un ritmo que te pone a pedirle a Dios,
queriendo salir a andar,
la imagen que mandaste se equivoca
y un virus de computadora te enferma el alma,
y te entristezca que te ignoren por un momento en la realidad,
y se hayan llevado lo que amas como en un robo
dándote la idea de la inseguridad,
inexistente y muy drogada sensación.
Y la lluvia que no se conoce cayéndonos encima impune
de un cielo que no se limpia, ni se libra, ni se opone proponiendo,
propuesta que obligue a exigir el cambio que precisarás.
Y este sea el único refugio en la tierra que te entienda
en una palabra que te abrigue y te seque el pelo con una toalla,
pero con amor.
Porque el amor hubiera hecho que te quedes a sufrir este rato conmigo
no como una mujer que se entrega en nada,
pero quizás sí, como un amigo, que se quede firme, como un amigo.
Un amigo que entienda solamente, o que resista.
Mito es la amistad del hombre que ha nacido solo y así muere
no afanándose en mañana mejor, porque mañana mejor ni hablar,
y pasado; qué sé yo... Sí viví mil crestas de olas mayores que éstas,
sí pasé más hambre que hoy, más dolor que hoy,
y si mañana en modo de despedidas, sólo una lágrima te bañe el rostro,
y yo porque me enfermó la injusticia me hunda en el mar,
lleno de explicaciones e información, en datos de bites,
de rimas que son la soberbia del corazón que tiene más profundidad.
Que libremente puede soltar la vida despreciando todo esfuerzo de salvar,
esto que ya se hunde, esto que no se salva,
esta lluvia que hace mucho, como dijo Mónica, hace mucho que no se ve.
Pero la imagen se verá mejor aunque estés solo en el mundo,
y todos al verte andar digan, ella o él fue el hermoso hijo que parecía vuelto,
y vomitó y volvió al origen porque al ver el centro de toda la santidad,
se dio cuenta tristemente que la verdad contada hoy
es la mentira concebida en el vientre de la humanidad de ayer,
porque nadie puede decirse una verdad sin ofenderse,
como si uno viniera a hablarme queriéndome vender el boleto del barco,
del gran rompehielos que ya partió,
del avión que ya se fue,
del colectivo que ya empezó.
Y el sábado al mediodía me sepa andar un poco triste,
porque tengo un corazón muy grande, que nadie llena,
porque no puedo ser tan bueno ni tan malo como quiero,
entonces, la vida sin concesiones, me hagan más daño de lo esperado,
todo porque soy un idiota que necesita echar humo en la cara del sistema
burlar el precinto, romper la regla, suplir la necesidad,
darle al pobre,
atender en silencio de gravedad,
al pasillo de agua barro y de mugre que salpica,
la soledad, del sábado al mediodía,
que es tan real que apenas si me lo creo.
Con toda una familia que se dispersa en éxitos,
con la mitología o con la arquitectura o con la abogacía,
con los principios elementales de un ética que se arrodilla,
de una moral que no se cuestiona,
de una identidad que no sirve en estos días,
porque todo me parece dado vuelta,
como si vivir nos fuera el mito de nevar en Mar del Plata,
para darle al frío la belleza que la lluvia no consigue,
o al menos un abrazo bien dado,
un beso,
o un balazo,
que me raje de la sensación de que todo está perdido.
No es suicida la idea que me mató,
la tristeza es lo que me indujo un poco,
a usar otra vez la palabra suicidio.
Hay hombres adentro nuestro que juegan con esa idea,
como hay partes de las máquinas desconocidas
que se descomponen en la presencia de la frustración
entonces, la psicología no encuentra respuestas,
y Dios, me mira sorprendido.
Me dice, vení.
Yo le digo, está lloviendo.
Me dice, vení.
Yo le digo, tengo frío.
Me dice, vení.
Yo le digo, tengo sueño.
Me dice, vení.
Yo no le contesto.
Entonces, lo encuentro adentro mío.
Gracias Mónica. Hace mucho no llovía así.
Nadie es la persona perfecta,
pero todos tenemos a Dios adentro nuestro.
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